“Pequeñas cosas importantes hacen valioso el trabajo”, según la arquitecta de INDERVALLE María Eugenia Pérez

La arquitecta caleña María Eugenia Pérez, es una enamorada de su ciudad, y de esas cosas que nos llevan a hacer remembranza de grandes historias.

“Nací en Cali, a mediados del siglo 20 en una ciudad encantadora de pocos habitantes, etnia muy homogénea, cruzada por 7 ríos, el clima era perfecto y al atardecer los vientos bajaban de la cordillera occidental regalándonos la maravillosa sensación de bienestar. Aquí crecí, fui al Colegio Alemán y estudié arquitectura en la Universidad del Valle” resalta María Eugenia, una mujer afectuosa, enamorada de su familia y de su profesión.

Esa pasión fue inspirada desde el colegio por su profesora de historia, la cual, a través de narrativas, la transportaba a la época medieval, de castillos y grandes construcciones. Fue en esos momentos, donde María Eugenia descubrió a lo que quería dedicarse el resto de su vida.

Profesional con un amor infinito por su familia, mamá de Julio y Sofía, y esposa del arquitecto Álvaro Thomas. Una familia a la cual admira.

“La ciudad fue cambiando, llegaron las migraciones del Pacifico, de Nariño, del Huila, se incrementó la población y se volvió multicultural. La ciudad se extendió y la movilidad se volvió más compleja, los edificios crecieron en altura y desviaron la brisa, el suelo se cubrió de cemento y se hizo más caliente. Con la re-densificación urbana y la falta de suelo urbanizable, el m2 de tierra se volvió más costoso y la tipología de las viviendas cambiaron. Las casas grandes con patio donde nosotros nos criamos con nuestros hermanos fueron desapareciendo y en toda la ciudad y en todos los estratos se construyeron pequeños apartamentos o casas multifamiliares, lo que obligó a los niños, jóvenes y adultos mayores a salir a los parques y escenarios públicos a buscar recreación y deporte”, comenta María Eugenia.

En medio de su narrativa, es cuando entendí la motivación y la necesidad del uso de los parques en nuestra ciudad. La arquitecta estima la importancia que los niños y adolescentes hoy en día se alejen un poco del juego digital y salgan a los parques pues las actividades físicas se traducen en salud.

Cuenta que hace 26 años entró a trabajar a la administración pública, al DAGMA, y sin saberlo, era allí donde descubriría su gran pasión. “ …Y allá me encontré con un tema que cautivó mí atención, la gestión ambiental urbana, por lo cual me especialicé en Gestión Ambiental en la Universidad Autónoma de Occidente, conocí el concepto de desarrollo sostenible y tuve la oportunidad de trabajar en proyectos de ciudad, participé en la formulación de los planes de ordenamiento territorial buscando organizar las actividades humanas sobre el territorio, con el fin de mejorar la calidad de vida, previniendo o mitigando problemas ambientales. Desarrollando estas labores reconocí la importancia del espacio público para preservar la calidad ambiental de la ciudad y conocí el concepto de los corredores verdes”.

Para ella, era de no creer, que una mujer ambientalista empezara a trabajar, incluyendo en los los proyectos de parques: infraestructura sólida. No entendía cómo era posible vincular una cancha de cemento con un parque, se oponía a esta idea ya que concebía los parques como corredores verdes, como los pulmones de una ciudad. Pero es gracias a su labor en la Secretaria del Deporte de Cali, cuando empieza a entender el dinamismo de una ciudad.

Comenzando a trabajar con las obras del oriente de Cali del Distrito de Aguablanca, ve otra realidad, casas muy pequeñas, familias numerosas…notando que los niños, jóvenes y adultos no tenían espacios multifuncionales para su recreación. Hoy en día entiende, que la infraestructura debe ir de la mano con el medio ambiente.

Durante los años 2016 y 2017 estuvo en el DAGMA, manejando proyectos de espacio público y obras de infraestructura y desde el 2018 llega a INDERVALLE como profesional de apoyo en el área de Planeación, donde adelanta proyectos de infraestructura deportiva en el Valle.

A pesar de llevar poco tiempo en INDERVALLE se ha convertido en una de las profesionales más importantes de la institución, trayendo con ella una gran experiencia en temas de índole ambiental y de los espacios deportivos, solucionando, como ella dice, oportunidades por resolver para llegar a un buen final:  la entrega de una obra.

La llegada de la pandemia y su experiencia la llevaron a reflexionar algo positivo de trabajar con obras deportivas. “Una de las muchas cosas que aprendí durante el aislamiento por COVID-19 fue la inmensa necesidad que sentían los caleños de disfrutar los parques y escenarios deportivos. Observé cómo las personas de todas las edades extrañaban sus actividades lúdicas, deportivas y recreativas y confirmé qué para la gran mayoría de ellos, los escenarios que nosotros hacemos son la única posibilidad que tienen para acceder a la recreación y el deporte”.

Quizá la sensibilidad, su misma pasión, el ser una mujer feliz y realizada, hace que se sienta satisfecha con su trabajo. La arquitecta piensa que en su vida la suma de muchas pequeñas cosas importantes hacen valioso su trabajo.

“Como profesional y como ciudadana cada vez que entregamos una cancha, una pista, unos juegos infantiles, unas máquinas biosaludables o un polideportivo y veo la felicidad en la comunidad, me siento muy feliz y tengo la plena certeza de que estoy colaborando en tejer una sociedad armónica y a hacer ciudadanos más felices.  En el desarrollo de esta tarea he conocido personas maravillosas que hacen que levantarse a trabajar todos los días valga la pena “.

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